2 CARAS DEL ANETO 2012


De la duda a la convicción

Benasque, en pleno corazón de los Pirineos, reúne este fin de semana a una gran cantidad de aficionados a las carreras por montaña. El año pasado me cautivó el recorrido más corto de los tres, pero este año, junto con Arturo, intentaremos acabar los 68 kilómetros y 3.800 metros de desnivel positivo del recorrido intermedio, "Las dos caras del Aneto". 


La tensión se acumula en los momentos previos al inicio, pero la visita de Arturo, Elena, Eva y los enanos, hace que se rebaje un poco el nivel de ansiedad, y carguemos las pilas de las sensaciones a tope. Compartimos con ellos estos instantes antes de que, tras el estallido del cohete que da la salida, comience un día lleno de emociones.


Mantenemos una animada conversación durante los primeros kilómetros, que hace que nos sorprendamos cuando, al pasar por el camping Aneto, recibamos la primera visita de nuestros más fieles seguidores, que ya lo serán durante el resto de la carrera. En breve les volveremos a ver, metros antes de afrontar la primera ascensión del día.


Un ritmo mantenido, buen pulso y respiración fluida nos hacen ganar metros con facilidad. Son momentos de optimismo, nos vemos fuertes y con ganas de hacer un buen papel. En 3 horas y media nos encontramos en el collado de Ballibierna y comenzamos el largo descenso. Empezamos con calma, comiendo y bebiendo, con cuidado de no sobrecargar los cuádriceps. Pero, cómo no dejarse llevar monte abajo, saltando, esquivando, corriendo...? La cabeza fría en estos momentos será nuestra mejor arma. Todavía queda mucho por delante.


El final de este primer largo descenso del día deja presente que esto no será coser y cantar. Arturo pasa con nota un pequeño bajón de moral, y yo empiezo a notar que algo no va bien. Pero al llegar a la Senarta y encontrarnos con nuestro pequeño pero ruidoso grupo de fans, recobramos energías para afrontar la subida hacia los Baños donde nos volveremos a encontrar con ellos.

Solo ha sido un espejismo, y las malas sensaciones se van apoderando de mi cuerpo y lo que es peor, de mi mente. En el control del Hospital nos encontramos además con Ana, Carlos y Daniel. Entre saludos, recarga de agua en el río y risas con los pequeños me evado por un momento de mis pensamientos. Pero rápidamente continuamos, intentando trotar en los tramos menos cuesta arriba, venciendo al deseo de caminar en cada uno de ellos.


Alcanzamos las primeras rampas de la última ascensión del día. No quiero seguir, no quiero dar un paso mas. Pido una tregua y me siento. Rápidamente Arturo me anima y me empuja a seguir. Empieza a granizar con fuerza y quiero abandonar, pero no sólo esta carrera. No quiero volver a pasar por esto, a sufrir pensando en lo que tengo por delante, a vencer a la fuerza que me atrae hacia la comodidad del sedentarismo. Pero aprieto los dientes, y alentado por Arturo y el recuerdo del "Manifiesto del sky runner" llegamos a coronar el último puerto del día.

Sintiendo las piernas hinchadas y sin demasiada movilidad, encaramos el descenso. Despacio, comiendo un bocadillo de jamón con tomate que hará las delicias de nuestro paladar. Se empiezan a soltar las piernas, y acelero, pero de pronto nos damos cuenta que nos hemos equivocado de camino. La tensión de la perdida de tiempo nos despierta, acelera el corazón, nos hace sudar, y cuando por fin enlazamos con el sendero correcto nos lanzamos rápidamente ladera abajo.

Las piernas quieren correr mas y más rápido, saltar, girar, adelantar. Con fuerzas renovadas llegamos al Hospital de Benasque, donde nos encontramos con Arturo que nos acompañará hasta el siguiente control. Tomamos un caldo y acompañados por Alejandro, Elena y Eva nos acercamos al comienzo de la subida hacia Baños. Avanzamos con buen paso, y con los últimos resquicios del día llegamos al control. Una vez más nos encontramos con nuestra familia, que en el día de hoy está haciendo su particular carrera.


Encendemos los frontales y encaramos con decisión los últimos 11 kilómetros del día. Nos cuesta acostumbrar la vista al escaso metro y medio de claridad que nos aporta, pero poco a poco vamos ganando velocidad. Pasamos por ultima vez por la Senarta, donde ya nos despedimos hasta Benasque de nuestros seguidores. Superamos un pequeño repecho y con el piloto automático activado, corremos por las pistas que nos acercan a nuestro objetivo. La noche es oscura y la temperatura muy agradable, pero corro con cierta inseguridad. Estamos en el camino correcto? 

Supongo que si, pero al no ver nada alrededor, la incertidumbre se apodera de mi. Aparto las dudas y, una vez sobrepasado el camping Aneto, vemos posible bajar de las 12 horas. En estos momentos de euforia, alegría y ansiedad, aceleramos el paso de tal manera que, a un sólo kilómetro de meta, no nos damos cuenta de la presencia de Eva, que ha venido a nuestro encuentro para acompañarnos hasta el final. Apenas nos quedan unos minutos, así que exprimiendo a fondo nuestras fatigadas piernas, conseguimos aumentar la velocidad y cruzar la línea de meta cumpliendo nuestro objetivo.


Arturo y Elena nos esperan en la llegada con Alejandro y Elena, que al vernos llegar salen corriendo a nuestro encuentro. Un abrazo con Arturo indica el final de nuestra aventura. Me fundo en un abrazo con Eva. Beso a los niños. Me emociono. No se en que pensar. Nos cuelgan una medalla, nos pesan y miden. Me encuentro un poco desconcertado, muy contento, pero desconcertado.


Cómo agradecer a Arturo y Elena su apoyo y paciencia, a mis pequeños su aguante, siempre con una sonrisa y un beso para su emocionado padre, y a Eva, quien me ha acompañado en cada uno de los segundos del día, que me ha ayudado en los entrenamientos, a levantarme tras los malos momentos y continuar con fuerza pero con cabeza en los buenos. Y por su puesto a Arturo, mi compañero de viaje, la voz de la conciencia y la mano que me ha empujado durante la carrera.

Los malos momentos solo te hacen más fuerte, pero los buenos son los que, con su poso dulce, te convencen para continuar anhelando sensaciones que necesitas volver a vivir.



Comentarios

  1. Te ha salido un relato muy emocionante, das buena cuenta de la dureza de la carerra. ¡ENHORABUENA Y A POR LA CCC!

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